miércoles, mayo 02, 2007

SEMANAS DE ARTE
Por: RUFUS (el fabián pulido)
Desde el 19 al 29 de abril los potosinos quedaron embriagados de arte y cultura. El Séptimo Festival San Luis, en San Luis Potosí fue de un maridaje de razas, tendencias y sonidos que me dejaron con un buen sabor de boca. Lo más destacado, sin duda, la participación de Puerto Candelaria, jazz con sabor paisa; Tosca de Giacomo Puccini en la voz de Fernando de la Mora, voces e instrumentos de la mano del maestro Enrique Patrón de Rueda con una iluminación que logró distraer la terrible escenografía pretención del Arquitecto Ricardo Legorreta; Suite Española, olé, pasión andaluza en baile con vestuario de vanguardia y, por último, el talento de Betsy Pecanins con su valiente fusión de la canción ranchera mexicana y el bolero en tono azul y jazz.
Claro que hablo de lo que para mí fue lo más destacado del festival, sin embargo, hubo expresiones igualmente concientes de arte y profesionalismo, de propuestas vanguardistas como la danza de la compañía El Ángel del Espejo y el mensaje lúdico de hermandad de los vascos de Panta Rhei, teatro guiñol.
Hasta el próximo festival San Luis.

miércoles, febrero 28, 2007

TRADUCCIÓN MATÓ EL ÓSCAR
Por: RUFUS (el fabián pulido)

Desde niño he disfrutado la entrega de los premios Óscar (o para decirlo correctamente de “Los Premios de la Academia”) y no porque los considere serios en su deliberación para nominar y elegir a los que consideran artistas del celuloide (Me quedó clarísimo cuando Salma Hayek fue nominada como mejor actriz en el 2003 por Frida, película con una producción exquisita resultado de la visión y empeño de la jarochita pero cuyo trabajo histriónico para interpretar a la pintora dejó mucho que desear) sino por lo que creo es la carne de ese evento: el showbiz hollywoodense. Es decir, el entretenimiento reventado al punto máximo del glamour, del hedonismo y de la, gracias a sus conductores, comicidad.
Por eso me pareció buena idea la invitación de Fernanda de la Torre de ver los Oscares en El Lunario del Auditorio Nacional. Digo, después de 30 años de verlo en la comodidad de mi cama con palomas y refresco un cambio de sede no pintaba nada mal.
Sin embargo, ni los tonics, ni los martinis, ni los petites bouchées, que en honor a la verdad estaban deliciosos, lograron distraer nuestra frustración ante la proyección de una ceremonia que, como en el pasaje referente al nombre de la nominada "Babel", fue un caos de entendimiento, de comprensión. Esa idea que tienen las televisoras hispanas de traducir la ceremonia (TNT en español y Azteca 7 para cable y televisión abierta respectivamente) sobre el audio en vivo hasta el grado absurdo de repetir el nombre de los nominados, mata, mata, MATA, como el video mató a la estrella de radio, la espontaneidad y comicidad del conductor (en este caso de Ellen DeGeneres) pero sobretodo entorpece la percepción y por ende la interpretación de los argumentos y sentimientos de los actores del evento.
Si la traducción busca el entendimiento de lo que se dice para aquellos que no parlan inglese, me temo decirles a los productores de esas emisiones que tal ayuda es nula, tanto para los que no hablan inglés como para los que lo dominan. Al final, dicho “elemento de producción” en fusión con los diálogos reales resulta en un remix de vocablos “castellanosajones”, como la incomprensión de una jitanjáfora pero carente de su eufonía.
Ahora, si además de la imposición de alguien que no te permite escuchar los chistes y agradecimientos de las estrellas de Hollywood le agregas, como en el caso de Azteca 7, la descripción o recuento que hacen los locutores de lo que ya viste y de lo que estás viendo, obviando y destrozando todavía más la espectacularidad de la ceremonia…¡No bueno! Por qué, por qué a la salida del coro de Hollywood en un acto emotivo, musicalizado, con una Ellen DeGeneres con pandero en mano por qué tiene que decir la locutora: “Y aparece el coro de Hollywood, el gran coro de Hollywood para acompañar a la celebración a Ellen DeGeneres” ¿En serio? ¡Vaya! Gracias por informarme…¡Lo estoy viendo! Y todavía para matar cual torero en estocada la espectacularidad del coro que nos vale madres si es llamado de Hollywood o no (realmente quisiera escucharlo y disfrutarlo) otro locutor aparece diciendo: “Yo creo que ha sido un extraordinario comienzo para Ellen DeGeneres eh…un monólogo verdaderamente pegador, fuerte, con chistes álgidos ahí para varios grupos…el chiste de Al Gore fue maravilloso” ¿En serio? Me hubiera encantado escucharlo pero la traducción me lo impidió y ¿Qué quisiste decir con chistes álgidos? ¿Chistes fríos? Me parece que Ellen DeGeneres se caracteriza por hacer chistes más bien ácidos, incisivos y candentes… ¿Habrá cambiado su línea cómica? De cualquier manera gracias por obviar lo que está en pantalla y por ungirte cómo crítico de comedia y analizar y criticar el monólogo de la comediante al mismo tiempo que destrozaste todo un evento musical irrepetible.
Algunos me dirán: “Rufus, no seas tan severo, qué hay de la gente que en verdad no habla inglés” Sencillo, opción uno: Disfrutar sólo de la espectacularidad del evento (como los maravillosos juegos de sombras presentados en la pasada entrega que no requieren de traducción) Opción dos: Ver “grandes” producciones nacionales en otro canal como, en esta ocasión, el final de “La Fea más Bella”. Y opción tres: Entenderlo a través de la subtitulación en vivo que existe y que ya una vez se utilizó en una emisión si mal no recuerdo de la misma TNT y que bien podrían recuperar las televisoras. “Oye Rufus ¿Y para la gente que no sabe leer?" Muy sencillo, siempre estará la opción dos.

viernes, febrero 23, 2007

ESTANQUILLO: ECLÉCTICA PASIÓN
Por: RUFUS (el fabián pulido)

La ciudad de México estrenó un nuevo museo. No sabía bien a bien lo que encontraría allí. Porque fui. Fui y como pocas veces quedé sorprendido. Escuché que la exposición es la suma de objetos que Carlos Monsiváis ha coleccionado por años. “Uhm, puros cachivaches” hubiera dicho mi padre. Lo cierto es que lo expuesto en Museo del Estanquillo es todo lo contrario, el lugar pero sobretodo la intención de sus promotores le han dado otro significado al término cachivache. Los calendarios metálicos del siglo XX, las figuras de plomo que forman coloridas maquetas, las fotos, los libros, los carteles y los juguetes inspiración del arte popular urbano dejan de ser, como lo señala el diccionario “objetos arrinconados por inútiles”

Acertada ha sido la elección de las piezas que Monsiváis ha encontrado y sigue encontrando a su paso por las calles de la capital, como la manera en que Rafael Barajas “el fisgón” (curador de la muestra) las ha organizado en un recorrido “en orden de aparición”. Por ejemplo, las maquetas con figuras de plomo de los artistas Teodoro y Susana Torres recrean el andar de los habitantes criollos, peninsulares, indios y mestizos del siglo XIX en el populoso atrio de la iglesia de Santo Domingo en Oaxaca. Cien años después la colección del escritor nos lleva a las cantinas mexicanas de principios del siglo XX gracias a modelos hechos con juguetes del arte urbano que sonorizados recrean el ambiente nutrido de chupes, mentadas, albures y palomazos en compañía del inconfundible son del mariachi.

Ya sea con representaciones o con los objetos pertenecientes a la época, Museo del Estanquillo te va llevando por lugares nunca antes pisados, recorridos, que se presentan ante ti como novedad o que regresan de tu memoria. Si alguna vez oíste hablar de la joyería La Esmeralda (la más famosa del DF en el 1900 que se ubicara en el mismo edificio donde ahora está el Estanquillo) puedes “revivirla” con sólo mirar su calendario metálico que alguna vez usaran de objeto promocional. Hay piezas de la época revolucionaria, cartas, fotos y de épocas más recientes muñecos de la popular lucha libre mexicana. Es un “mundo Monsiváis” regido por una ecléctica organización de 540 objetos de un total de 12 mil hasta ahora catalogados.

Al final y después de recorrer los tres niveles llenos de tiempo y de reconocimiento llega el postre, que sólo la ubicación del edificio en Madero e Isabel la Católica puede dar: una amplia terraza con vista a una de las coordenadas más emblemáticas del centro histórico. Allí, termina el viaje. Allí, con el placer de degustar otro tipo de arte: el culinario. Qué mejor manera de terminar un recorrido donde la vista, el sentido y al final el gusto pueden regodearse.
El NIÑOTE DEL CINE
Por: RUFUS (el fabián pulido)

22 minutos de aplausos. Ovación y vivas para el mexicano que no ha dejado a su suerte al niño que, dicen, todos llevamos dentro. Cannes, el festival cinematográfico más respetado (o uno de los más serios) festejó el trabajo más reciente de Guillermo del Toro: El Laberinto del Fauno. Obra que, sin duda, es resultado de la imaginación de un niño.Hace poco preguntaba a amigos varios: ¿Por qué los adultos dejamos de jugar con los muñecos? ¿Por qué las mujeres a la mayoría de edad abandonan las Barbies? ¿Por qué permitimos apagar nuestra imaginación, nuestras ganas de reír solos? ¿Por qué matamos a ese niño que fabrica para nosotros mundos posibles e imposibles? No obtuve respuesta. Cuando vi El Laberinto del Fauno descubrí que Guillermo del Toro es de los pocos adultos que ha evitado tal infanticidio.La aventura, la magia, el misterio e incluso la crueldad son elementos presentes en la cabeza de un niño. Aún me acuerdo. Sobretodo si se trata de “hacer girar la piedra” cuando necesitamos ver cosas que no existen y mitigar el ocio, el aburrimiento. Pues Guillermo del Toro no se aburre. No se lo permite. El director nos entrega con El Laberinto del Fauno el producto más reciente de su niño interior. Una película que genera adrenalina pura, ansiedad y nerviosismo, como el que sientes cuando jugando a las escondidas estás a punto de ser encontrado.La historia de una niña inmersa en dos conflictos: una guerra civil en España y un resquebrajamiento familiar. Pretende no vivir ambos transformando esa ansiedad en un sentimiento generado no por soldados ni por cañonazos o por los gritos y maltratos, sino por hadas y míticos monstruos. No es la hijastra de un sádico soldado franquista es, con toda la imaginación de la que un niño puede echar mano, la princesa de un reino al cual debe ascender si logra con éxito tres peligrosas pruebas.Sólo un niño puede describir esa emoción. Sólo un niño puede dar vida a monstruos así: Un fauno que no se parece a ningún otro ser mitológico antes visto en el cine y una pálida y flácida quimera que sólo en las peores pesadillas de la infancia se puede crear.Nuevamente del Toro escribe y dirige ese cine “infantil”para adultos, con una línea creativa pero sobretodo un tema específico que parecen tener una finalidad cronológica o secuencial: la guerra civil española. Si se toma en cuenta la historia de El Espinazo del Diablo que del Toro ubica en España a finales de los años 30 y su actual producción hasta ahora titulada “3993” y cuya historia se basa en un fantasma (también) relacionado con los últimos días de la guerra civil española, es fácil presumir la obsesión del director por aquel país y su conflicto bélico.De manera causal o casual un niño está construyendo una trilogía con historias creadas en su cabeza capaces de tender raíces, tanto como su imaginación se lo permita. Lo hizo desde sus modestas historias de televisión en el programa Hora Marcada y lo seguirá haciendo si continúa recordando a su niño interior, aquel que por momentos los adultos revivimos con ese susto, esos nervios, esa sonrisa o esa lágrima que provocan proyectos como El Laberinto del Fauno; historia llena de magia, fantasía y terror que puede catalogarse dentro de un nuevo género de películas: “infantil para adultos”.