TRADUCCIÓN MATÓ EL ÓSCAR
Por: RUFUS (el fabián pulido)
Desde niño he disfrutado la entrega de los premios Óscar (o para decirlo correctamente de “Los Premios de la Academia”) y no porque los considere serios en su deliberación para nominar y elegir a los que consideran artistas del celuloide (Me quedó clarísimo cuando Salma Hayek fue nominada como mejor actriz en el 2003 por Frida, película con una producción exquisita resultado de la visión y empeño de la jarochita pero cuyo trabajo histriónico para interpretar a la pintora dejó mucho que desear) sino por lo que creo es la carne de ese evento: el showbiz hollywoodense. Es decir, el entretenimiento reventado al punto máximo del glamour, del hedonismo y de la, gracias a sus conductores, comicidad.
Por eso me pareció buena idea la invitación de Fernanda de la Torre de ver los Oscares en El Lunario del Auditorio Nacional. Digo, después de 30 años de verlo en la comodidad de mi cama con palomas y refresco un cambio de sede no pintaba nada mal.
Sin embargo, ni los tonics, ni los martinis, ni los petites bouchées, que en honor a la verdad estaban deliciosos, lograron distraer nuestra frustración ante la proyección de una ceremonia que, como en el pasaje referente al nombre de la nominada "Babel", fue un caos de entendimiento, de comprensión. Esa idea que tienen las televisoras hispanas de traducir la ceremonia (TNT en español y Azteca 7 para cable y televisión abierta respectivamente) sobre el audio en vivo hasta el grado absurdo de repetir el nombre de los nominados, mata, mata, MATA, como el video mató a la estrella de radio, la espontaneidad y comicidad del conductor (en este caso de Ellen DeGeneres) pero sobretodo entorpece la percepción y por ende la interpretación de los argumentos y sentimientos de los actores del evento.
Si la traducción busca el entendimiento de lo que se dice para aquellos que no parlan inglese, me temo decirles a los productores de esas emisiones que tal ayuda es nula, tanto para los que no hablan inglés como para los que lo dominan. Al final, dicho “elemento de producción” en fusión con los diálogos reales resulta en un remix de vocablos “castellanosajones”, como la incomprensión de una jitanjáfora pero carente de su eufonía.
Ahora, si además de la imposición de alguien que no te permite escuchar los chistes y agradecimientos de las estrellas de Hollywood le agregas, como en el caso de Azteca 7, la descripción o recuento que hacen los locutores de lo que ya viste y de lo que estás viendo, obviando y destrozando todavía más la espectacularidad de la ceremonia…¡No bueno! Por qué, por qué a la salida del coro de Hollywood en un acto emotivo, musicalizado, con una Ellen DeGeneres con pandero en mano por qué tiene que decir la locutora: “Y aparece el coro de Hollywood, el gran coro de Hollywood para acompañar a la celebración a Ellen DeGeneres” ¿En serio? ¡Vaya! Gracias por informarme…¡Lo estoy viendo! Y todavía para matar cual torero en estocada la espectacularidad del coro que nos vale madres si es llamado de Hollywood o no (realmente quisiera escucharlo y disfrutarlo) otro locutor aparece diciendo: “Yo creo que ha sido un extraordinario comienzo para Ellen DeGeneres eh…un monólogo verdaderamente pegador, fuerte, con chistes álgidos ahí para varios grupos…el chiste de Al Gore fue maravilloso” ¿En serio? Me hubiera encantado escucharlo pero la traducción me lo impidió y ¿Qué quisiste decir con chistes álgidos? ¿Chistes fríos? Me parece que Ellen DeGeneres se caracteriza por hacer chistes más bien ácidos, incisivos y candentes… ¿Habrá cambiado su línea cómica? De cualquier manera gracias por obviar lo que está en pantalla y por ungirte cómo crítico de comedia y analizar y criticar el monólogo de la comediante al mismo tiempo que destrozaste todo un evento musical irrepetible.
Algunos me dirán: “Rufus, no seas tan severo, qué hay de la gente que en verdad no habla inglés” Sencillo, opción uno: Disfrutar sólo de la espectacularidad del evento (como los maravillosos juegos de sombras presentados en la pasada entrega que no requieren de traducción) Opción dos: Ver “grandes” producciones nacionales en otro canal como, en esta ocasión, el final de “La Fea más Bella”. Y opción tres: Entenderlo a través de la subtitulación en vivo que existe y que ya una vez se utilizó en una emisión si mal no recuerdo de la misma TNT y que bien podrían recuperar las televisoras. “Oye Rufus ¿Y para la gente que no sabe leer?" Muy sencillo, siempre estará la opción dos.