El NIÑOTE DEL CINE
Por: RUFUS (el fabián pulido)
22 minutos de aplausos. Ovación y vivas para el mexicano que no ha dejado a su suerte al niño que, dicen, todos llevamos dentro. Cannes, el festival cinematográfico más respetado (o uno de los más serios) festejó el trabajo más reciente de Guillermo del Toro: El Laberinto del Fauno. Obra que, sin duda, es resultado de la imaginación de un niño.Hace poco preguntaba a amigos varios: ¿Por qué los adultos dejamos de jugar con los muñecos? ¿Por qué las mujeres a la mayoría de edad abandonan las Barbies? ¿Por qué permitimos apagar nuestra imaginación, nuestras ganas de reír solos? ¿Por qué matamos a ese niño que fabrica para nosotros mundos posibles e imposibles? No obtuve respuesta. Cuando vi El Laberinto del Fauno descubrí que Guillermo del Toro es de los pocos adultos que ha evitado tal infanticidio.La aventura, la magia, el misterio e incluso la crueldad son elementos presentes en la cabeza de un niño. Aún me acuerdo. Sobretodo si se trata de “hacer girar la piedra” cuando necesitamos ver cosas que no existen y mitigar el ocio, el aburrimiento. Pues Guillermo del Toro no se aburre. No se lo permite. El director nos entrega con El Laberinto del Fauno el producto más reciente de su niño interior. Una película que genera adrenalina pura, ansiedad y nerviosismo, como el que sientes cuando jugando a las escondidas estás a punto de ser encontrado.La historia de una niña inmersa en dos conflictos: una guerra civil en España y un resquebrajamiento familiar. Pretende no vivir ambos transformando esa ansiedad en un sentimiento generado no por soldados ni por cañonazos o por los gritos y maltratos, sino por hadas y míticos monstruos. No es la hijastra de un sádico soldado franquista es, con toda la imaginación de la que un niño puede echar mano, la princesa de un reino al cual debe ascender si logra con éxito tres peligrosas pruebas.Sólo un niño puede describir esa emoción. Sólo un niño puede dar vida a monstruos así: Un fauno que no se parece a ningún otro ser mitológico antes visto en el cine y una pálida y flácida quimera que sólo en las peores pesadillas de la infancia se puede crear.Nuevamente del Toro escribe y dirige ese cine “infantil”para adultos, con una línea creativa pero sobretodo un tema específico que parecen tener una finalidad cronológica o secuencial: la guerra civil española. Si se toma en cuenta la historia de El Espinazo del Diablo que del Toro ubica en España a finales de los años 30 y su actual producción hasta ahora titulada “3993” y cuya historia se basa en un fantasma (también) relacionado con los últimos días de la guerra civil española, es fácil presumir la obsesión del director por aquel país y su conflicto bélico.De manera causal o casual un niño está construyendo una trilogía con historias creadas en su cabeza capaces de tender raíces, tanto como su imaginación se lo permita. Lo hizo desde sus modestas historias de televisión en el programa Hora Marcada y lo seguirá haciendo si continúa recordando a su niño interior, aquel que por momentos los adultos revivimos con ese susto, esos nervios, esa sonrisa o esa lágrima que provocan proyectos como El Laberinto del Fauno; historia llena de magia, fantasía y terror que puede catalogarse dentro de un nuevo género de películas: “infantil para adultos”.
Por: RUFUS (el fabián pulido)
22 minutos de aplausos. Ovación y vivas para el mexicano que no ha dejado a su suerte al niño que, dicen, todos llevamos dentro. Cannes, el festival cinematográfico más respetado (o uno de los más serios) festejó el trabajo más reciente de Guillermo del Toro: El Laberinto del Fauno. Obra que, sin duda, es resultado de la imaginación de un niño.Hace poco preguntaba a amigos varios: ¿Por qué los adultos dejamos de jugar con los muñecos? ¿Por qué las mujeres a la mayoría de edad abandonan las Barbies? ¿Por qué permitimos apagar nuestra imaginación, nuestras ganas de reír solos? ¿Por qué matamos a ese niño que fabrica para nosotros mundos posibles e imposibles? No obtuve respuesta. Cuando vi El Laberinto del Fauno descubrí que Guillermo del Toro es de los pocos adultos que ha evitado tal infanticidio.La aventura, la magia, el misterio e incluso la crueldad son elementos presentes en la cabeza de un niño. Aún me acuerdo. Sobretodo si se trata de “hacer girar la piedra” cuando necesitamos ver cosas que no existen y mitigar el ocio, el aburrimiento. Pues Guillermo del Toro no se aburre. No se lo permite. El director nos entrega con El Laberinto del Fauno el producto más reciente de su niño interior. Una película que genera adrenalina pura, ansiedad y nerviosismo, como el que sientes cuando jugando a las escondidas estás a punto de ser encontrado.La historia de una niña inmersa en dos conflictos: una guerra civil en España y un resquebrajamiento familiar. Pretende no vivir ambos transformando esa ansiedad en un sentimiento generado no por soldados ni por cañonazos o por los gritos y maltratos, sino por hadas y míticos monstruos. No es la hijastra de un sádico soldado franquista es, con toda la imaginación de la que un niño puede echar mano, la princesa de un reino al cual debe ascender si logra con éxito tres peligrosas pruebas.Sólo un niño puede describir esa emoción. Sólo un niño puede dar vida a monstruos así: Un fauno que no se parece a ningún otro ser mitológico antes visto en el cine y una pálida y flácida quimera que sólo en las peores pesadillas de la infancia se puede crear.Nuevamente del Toro escribe y dirige ese cine “infantil”para adultos, con una línea creativa pero sobretodo un tema específico que parecen tener una finalidad cronológica o secuencial: la guerra civil española. Si se toma en cuenta la historia de El Espinazo del Diablo que del Toro ubica en España a finales de los años 30 y su actual producción hasta ahora titulada “3993” y cuya historia se basa en un fantasma (también) relacionado con los últimos días de la guerra civil española, es fácil presumir la obsesión del director por aquel país y su conflicto bélico.De manera causal o casual un niño está construyendo una trilogía con historias creadas en su cabeza capaces de tender raíces, tanto como su imaginación se lo permita. Lo hizo desde sus modestas historias de televisión en el programa Hora Marcada y lo seguirá haciendo si continúa recordando a su niño interior, aquel que por momentos los adultos revivimos con ese susto, esos nervios, esa sonrisa o esa lágrima que provocan proyectos como El Laberinto del Fauno; historia llena de magia, fantasía y terror que puede catalogarse dentro de un nuevo género de películas: “infantil para adultos”.

1 Comments:
Creo que por eso me gustan tanto las películas de Guillermo del Toro, exponen nuestros miedos y fantasías más ocultos. Ayer, Gustavo García dijo que El Laberinto del Fauno originalmente estaba ambientada en la Revolución Mexicana, lo que me hizo pensar en la universalidad de la historia.
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