ESTANQUILLO: ECLÉCTICA PASIÓN
Por: RUFUS (el fabián pulido)
La ciudad de México estrenó un nuevo museo. No sabía bien a bien lo que encontraría allí. Porque fui. Fui y como pocas veces quedé sorprendido. Escuché que la exposición es la suma de objetos que Carlos Monsiváis ha coleccionado por años. “Uhm, puros cachivaches” hubiera dicho mi padre. Lo cierto es que lo expuesto en Museo del Estanquillo es todo lo contrario, el lugar pero sobretodo la intención de sus promotores le han dado otro significado al término cachivache. Los calendarios metálicos del siglo XX, las figuras de plomo que forman coloridas maquetas, las fotos, los libros, los carteles y los juguetes inspiración del arte popular urbano dejan de ser, como lo señala el diccionario “objetos arrinconados por inútiles”
Acertada ha sido la elección de las piezas que Monsiváis ha encontrado y sigue encontrando a su paso por las calles de la capital, como la manera en que Rafael Barajas “el fisgón” (curador de la muestra) las ha organizado en un recorrido “en orden de aparición”. Por ejemplo, las maquetas con figuras de plomo de los artistas Teodoro y Susana Torres recrean el andar de los habitantes criollos, peninsulares, indios y mestizos del siglo XIX en el populoso atrio de la iglesia de Santo Domingo en Oaxaca. Cien años después la colección del escritor nos lleva a las cantinas mexicanas de principios del siglo XX gracias a modelos hechos con juguetes del arte urbano que sonorizados recrean el ambiente nutrido de chupes, mentadas, albures y palomazos en compañía del inconfundible son del mariachi.
Ya sea con representaciones o con los objetos pertenecientes a la época, Museo del Estanquillo te va llevando por lugares nunca antes pisados, recorridos, que se presentan ante ti como novedad o que regresan de tu memoria. Si alguna vez oíste hablar de la joyería La Esmeralda (la más famosa del DF en el 1900 que se ubicara en el mismo edificio donde ahora está el Estanquillo) puedes “revivirla” con sólo mirar su calendario metálico que alguna vez usaran de objeto promocional. Hay piezas de la época revolucionaria, cartas, fotos y de épocas más recientes muñecos de la popular lucha libre mexicana. Es un “mundo Monsiváis” regido por una ecléctica organización de 540 objetos de un total de 12 mil hasta ahora catalogados.
Al final y después de recorrer los tres niveles llenos de tiempo y de reconocimiento llega el postre, que sólo la ubicación del edificio en Madero e Isabel la Católica puede dar: una amplia terraza con vista a una de las coordenadas más emblemáticas del centro histórico. Allí, termina el viaje. Allí, con el placer de degustar otro tipo de arte: el culinario. Qué mejor manera de terminar un recorrido donde la vista, el sentido y al final el gusto pueden regodearse.
Por: RUFUS (el fabián pulido)
La ciudad de México estrenó un nuevo museo. No sabía bien a bien lo que encontraría allí. Porque fui. Fui y como pocas veces quedé sorprendido. Escuché que la exposición es la suma de objetos que Carlos Monsiváis ha coleccionado por años. “Uhm, puros cachivaches” hubiera dicho mi padre. Lo cierto es que lo expuesto en Museo del Estanquillo es todo lo contrario, el lugar pero sobretodo la intención de sus promotores le han dado otro significado al término cachivache. Los calendarios metálicos del siglo XX, las figuras de plomo que forman coloridas maquetas, las fotos, los libros, los carteles y los juguetes inspiración del arte popular urbano dejan de ser, como lo señala el diccionario “objetos arrinconados por inútiles”
Acertada ha sido la elección de las piezas que Monsiváis ha encontrado y sigue encontrando a su paso por las calles de la capital, como la manera en que Rafael Barajas “el fisgón” (curador de la muestra) las ha organizado en un recorrido “en orden de aparición”. Por ejemplo, las maquetas con figuras de plomo de los artistas Teodoro y Susana Torres recrean el andar de los habitantes criollos, peninsulares, indios y mestizos del siglo XIX en el populoso atrio de la iglesia de Santo Domingo en Oaxaca. Cien años después la colección del escritor nos lleva a las cantinas mexicanas de principios del siglo XX gracias a modelos hechos con juguetes del arte urbano que sonorizados recrean el ambiente nutrido de chupes, mentadas, albures y palomazos en compañía del inconfundible son del mariachi.
Ya sea con representaciones o con los objetos pertenecientes a la época, Museo del Estanquillo te va llevando por lugares nunca antes pisados, recorridos, que se presentan ante ti como novedad o que regresan de tu memoria. Si alguna vez oíste hablar de la joyería La Esmeralda (la más famosa del DF en el 1900 que se ubicara en el mismo edificio donde ahora está el Estanquillo) puedes “revivirla” con sólo mirar su calendario metálico que alguna vez usaran de objeto promocional. Hay piezas de la época revolucionaria, cartas, fotos y de épocas más recientes muñecos de la popular lucha libre mexicana. Es un “mundo Monsiváis” regido por una ecléctica organización de 540 objetos de un total de 12 mil hasta ahora catalogados.
Al final y después de recorrer los tres niveles llenos de tiempo y de reconocimiento llega el postre, que sólo la ubicación del edificio en Madero e Isabel la Católica puede dar: una amplia terraza con vista a una de las coordenadas más emblemáticas del centro histórico. Allí, termina el viaje. Allí, con el placer de degustar otro tipo de arte: el culinario. Qué mejor manera de terminar un recorrido donde la vista, el sentido y al final el gusto pueden regodearse.

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